Espero II
Espero II
Escribo este poema en prosa, quizá como un reflejo de que he crecido. Mi forma de ver el mundo, el amor, han madurado. Cierro aquí este cuento corto como es debido.
Claro que no hago desdén a la poseía, sólo ya no idolatro lo que no debería, como las perfectas métricas, rimas consonantes y las pretenciosas referencias; tampoco lo hice con nuestra última despedida.
Querías devolverme "algo" que encontraste en un cajón.
Acordamos, con dificultad, una cita (siempre cuadrar una cita contigo tuvo dificultades). Salí del trabajo y fui al lugar de encuentro: La puerta de la Universidad.
En el camino (los 15 minutos habituales de caminata) pensé en todo lo que había pasado en los últimos 5 años. Toda una época estaba finalizando, la que muchos consideran la mejor de la vida: la universitaria.
Iba pensando en cómo responder a la pregunta "¿y qué de tu vida?". Han pasado tantas cosas: Muchos amigos, un par de excesos, ciertos trasnochos, cero arrepentimientos; y aún así... contigo ni un solo encuentro.
Bueno, tampoco. Un almuerzo fugaz hace prácticamente 5 años, un par de saludos escuetos y luego una pandemia. Resultado: contacto cero. Nada tan concreto como esto.
Ensimismado llegué a la puerta de la U, y, como ironía de la vida... te esperé. ¿Podría reconocerte? ¿Podrías reconocerme? Uno cambia más de lo que le gustaría en un lustro. Pero claro que verías mi ineludible hoodie naranja. Hace 5 años no usaba hoodies.
Por fin a lo lejos te vi, en dirección a la puerta, con una sombrilla de flores; con tú sombrilla de flores. No tendría que ofrecer el cubrirte bajo mi paraguas para caminar bajo la insulsa lluvia. ¡Genial! No quería que creyeras que quería ser un caballero. Digo, soy un caballero (o eso intento) pero no quería parecerlo. La dulce ironía de la vida a la larga es umami si la saboreamos bien.
La cita era para Almorzar, pero no almorzaste, ya que más tarde almorzarías en la feria con "tu chico".
¡Qué gran forma de dejarme claro que estás en una relación! Así, rápido, certero. Como para no dejar ningún espacio de duda de las intenciones de esta reunión, porque eso era, una reunión, no una cita.
¡Y qué bonito! la forma como lo presentaste: "mi chico".
Decir "mi novio" hubiera sonado un poco forzado, como si el susodicho se hubiera avispado sobre nuestra reunión y te hubiera dicho: "pero le dices que tienes novio, ¿no?"
Decir "mi pareja" hubiera abierto la duda razonable de una relación homosexual o abierta o quizá poliamorosa. Alguna de estas formas alternativas de relacionarse que utilizan el generoso sustantivo de "pareja" como mecanismo de defensa.
Hay tantas opciones: mi novio, mi pareja, mi amor, mi sugar, mi culo, un amigo, etc. Tantas y tú escogiste la más linda, adecuada, idónea. Así, con el posesivo "mi" que refleja compromiso y seguridad, con lo juvenil, tierno, nada cursi de "chico" y por supuesto la marca de genero masculina para no dejar dudas. ¡Qué pila!
Hablamos de tanto y a la vez tan poco. Cómo me hubiera gustado tener más tiempo para conocer los pormenores del viaje que te llevó hasta allí.
Pero hablamos de lo importante. Me contaste de tus planes de emprendimiento, yo mi reciente nuevo empleo. Me hablaste de tu chico y yo de mi chica. Un empate técnico por donde mires.
Que sí, que aunque se quiera negar, todos sabemos que los reencuentros siempre están cargados de un aire competitivo. Si me hablas de tus aciertos yo te hablo de mis triunfos, si me hablas de tus tristezas yo te hablo de mis desgracias. Al final, ambos con cada dato que soltamos avanzamos en la carrera de ver quién es el más exitoso, o el más jodido.
Íbamos empatados hasta que decidiste tomar la delantera: "Bueno, yo te quería devolver algo". Así, rápido, certero. A tres cuartos del final de la reunión, después de un tiempo prudente de adelantar cuaderno, pero sin dejarlo para el puro final, a las prisas y mezclándose con otros temas sin importancia, típicos de despedida, que su único despropósito es quitarle la tensión al momento. Perfect timing, ¡Qué pila!
Entonces fue claro que la niña tierna, dulce, algo indecisa y poco aplicada que hacía 5 años en el último día de colegio había pedido "algo para recordar" a cada uno de sus amigos (yo le había dado una copia de mi tarjeta de identidad) ya no estaba. Ahora frente a mi una mujer tierna, clara, certera y apunto de graduarse sacaba de su bolso la misma tarjeta.
"Estaba haciendo oficio, y limpiando uno de mis cajones encontré esto" Sostuvo la tarjeta "En mi espejo tengo un carnet que me regaló mi chico y me parece tan lindo poder verlo todos los días... Esta tarjeta no debería estar guardada en un cajón, merece estar en el espejo de alguien"
Ganaste... ¡Qué pila!
Agradecí, creo yo, muy insulsamente, pero no por reproche, sino por estupefacción. Así permíteme perfeccionar en esta carta mi agradecimiento. Gracias por tan lindas palabras, Gracias por conservar la tarjeta. Gracias por inspirar no solo uno sino dos poemas. Ahora, después de 5 años puedo decir con seguridad que ya no espero:
No fue mutuo
Pero ya lo dije todo
Ya entendí tu belleza
Ya maduré la locura
Ya me despertó una tierna voz
Ya la espera terminó.
Bogotá. Agosto de 2023
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