Cali Con Somé
Capún Capún Capún, ta ta ta...
Capún Capún, tacatacatacatá
¡Cómo te parece Fabiola!
Ve, regalame otra empanaita que están muy buenas.
Ah y una cocacola pa este calor.
Mirá que ayer estuve callejiando todo el día.
Me levanté bien temprano, porque tenía que hacer unas vueltas en el centro. Una ropa y unos libros que me encargó mi cuñada.
Ya estando allá, me compré un billete de lotería, en Caycedo, porque yo sé que pronto llegará el día de mi suerte.
Como ya empezaba a hacer hambre me compré una marranita, un chorizo y un champús. Bien pesado, yo sé, pero es que sabía que el día era largo. Los compré en la tiendita esa a la que siempre vamos cuando nos enrumbamos en la calle del sabor. Es medio deprimente ver esa calle vacía, sucia y silenciosa. En sus paredes otrora blancas veo los huesos de un animal tan majestuoso como muerto. Un animal que revive cada viernes, eso sí. ¡Y cómo no va a revivir! si es que cuando se prende la salsa cualquiera se levanta, y empiezan a llegar cuerpos, con sus respectivas almas, sedientos de ritmo y con el único propósito de despertar al animalejo (tanto el que los recibe como el que llevan dentro). Entonces el tin tun de la campana y el rrrrtch del güiro le organizan el pulso a las almas, y ya el cuerpo hace lo que se le da la gana, cada uno tiene su sabor, pero lo importante es que se muevan, que se muevan y no paren porque todos saben que estamos vivos porque estamos en movimiento y yo de muerto no tengo na'. Tin tun, rrrrtch, tin tun, rrrrtch y de repente un rrrrtch que no era del güiro sino del chicharrón de la marranita que me estaba comiendo me sacó de mi ensimismamiento. ¿qué será no dejo de sentir música en todos lados? hasta en los dientes...
Pagué y me fui para el bulevard. Está bonito. Me paré en la mitad de un puente y me quedé embobado con el rio que venía cuesta abajo. El canal de ladrillo bajo las sombras de las palmeras y las piedras grandotas inmóviles ante la corriente hacían que ese paisaje se sintiera místico, hasta sagrado. Lástima no saber pintar. Y entonces, empecé a pensar desde dónde vendrá ese río y si es verdad que arriba, la gente se baña sin asco porque el agua está limpia, y que las nutrias vienen a jugar con los bañistas, con sus bigotes dorados después de revolcarse en afluentes místicas llenas de oro que los mineros aún no han descubierto. Me di media vuelta y vi caminando sobre las piedras del rio a un loquito cargando una pesada bolsa con el brazo derecho y haciendo equilibrio con el izquierdo. Al fondo, pa rematar, La Ermita.
Así es Cali, mágica y terrenal. Dependiendo la dirección en la que se mire.
Bom bom bom
Bueno, el caso es que tenía que pasar por El Ingenio para entregarle el encargo a mi cuñada. Me fui en Mio, que porque como no era hora pico no iba a estar tan pesao. Y sí, estuvo relajado, lo único extraño: una señora que se fue todo el camino pregonando que la biblia era una mala transliteración. Awkward.
Total que me puse a observar a la gente y ¡noo!, qué vergüenza me dio ver que todo el mundo estaba bien vestido y yo en pantaloneta y tenis. Yo que pensaba que el calor derretía el glamour... pero mentira, todo el mundo bien presentado, los manes de buen pantalón, con su cinturón e incluso vi un par con maletín.
Pa ignorar la vergüenza, dejé de mirar al pasillo, me di la vuelta para ver la ventana que yacía después de las dos personas sentadas en esa fila del bus. Una de ellas, una muchacha que por su uniforme parecía ser del sector de la salud, compartía un TikTok en el estado de WhatsApp y le pensaba y le pensaba el texto con el que iba a acompañar el estado. "Las cosas no son lo que pa..." y borraba. "No diré quién s..." y borraba. Al final, después de 15 propuestas y como 8 paradas del bus publicó solamente un emoji "🤭".
¿Será que la gente es consciente de todo el esfuerzo que hay detrás de un emoji?
¿Cómo puedo señalar la intención exacta de mi mensaje cuando comparto algo en redes?
Creo que no se puede, al final cada uno entiende lo que considera. Todo es transliteración.
El caso es que al fin llegué Ingenio. Qué distinto que es ese paisaje: con más casas que edificios, más espacio, menos ruido y gente trotando a las 10 de la mañana. ¡Y Pensar que es la misma ciudad! Aunque eso debe pasar en todas las ciudades. Si hasta pasa en uno mismo. ¿Haz visto ese _trend_ donde la gente refleja su cara y se ve lo asimétricos que son? Después no podés dejar de ver la asimetría. Pero la asimetríaa tiene un *nosequé* que te entretiene y te extraña (y a veces te enoja). Y si todo sale bien aprendés a vivir con ella y si todo sale mal se aplana todo hasta que ya no se pude distinguir entre el gris y el más gris.
Ta. Ta. Ta. TaTa
Tu ca tu ca- tun ca tin ca
Entonces me fui pa la Tertulia (el museo) y entré. No sólo me tomé la foto como hacen algunos. Había una exposición sobre *la balsada de la Virgen de la Asuncion*. ¡Que tradición tan interesante!, ¿oís? Ay Bredunco, ¿cuando tendré el placer de presentarme ante ti?
Y entonces este cuerpo glorioso se acordó que aun no había almorzado. Pedí un sudado de camarones. Con consomé y juguito en bolsa claramente.
Como estaba al lado, me di el roce por San Antonio. Vojabés que no me pierdo la oportunidad de caminar por esas callecitas empinadas y oler las tintas en la Linterna, y escuchar jazz en Macondo y ver la ciudad desde el mirador y, ¡cómo no! de venir a visitarte, Fabiola, a comer estas empanaitas tan buenas que hacés.
Cuando los loros empezaron a chillar me dispuse a ir al concierto. ¡Verdad que para eso era que estaba por estos lares!
tín-tirín-tán, tín-tirín-tán
A penas me terminé de acomodar en el Uber, el conductor me dijo que si no me molestaba que fuera rapidito al Popular a recoger un medicamento para su suegra. Le dije que claro que pa eso estamos. Obvio, acepté con cierto recelo porque sabemos el país en el que vivimos, pero yo sé que es más la gente buena.
Pues nos fuimos para alla. Y en la radio sonaba "no se de ella ni por myspace". Que tema tan viejo. Y tan bueno, oiga. Pa la playlist.
La amarilla luz agonizante del cielo y las palmeras de la 25 me hacían sentir en Beverly Hills. O pues supongo que así se sentirá. Cuando me den la visa te cuento.
"Esperame aquí", dijo, y se bajó. No de demoró mucho. Volvió con el medicamento en una mano y en la otra una chuspa llena pan de bonos. Definitivamente es mas la gente buena.
Cogimos entonces la carrera primera y luego la quinta. Después de un rato estábamos llegando al Cañaveralejo. Como había trancón me dejo a dos cuadritas.
tín-tán-tón, tín-tán-tón
Muy bueno. Muy muy bueno ese concierto. El zurron del aprendiz recordó a sus contemporáneos y declamó *Halt*. Pero lo que más me gustó fue cuando citó a Martí y hablo de las _verdades esenciales que caben en el ala de un colibrí_. ¿Y si caben en un alita por qué no han de caber en un long play?
No me tomé ni una pola durante el recital, es que estaba a 18k.
Al salir, le escribí a un amigo que había ido al concierto. Nos valimos de las más altas habilidades geoespaciales para encontrarnos entre el gentío.
Cuando por fin lo ví estaba con una muchacha que había conocido durante el concierto. Me llamaron la atención su melena rubia y su pinta flori-punkera. ¿Era un agente gentrificante? o ¿mera decadencia importada? Al final no era ni lo uno ni lo otro, solo una local alterna. Me presenté y halagué el tatuaje de su antebrazo: una garza y un cuervo, y como si ese hubiera sido el requisito para ser de su íntima confianza, cambió su cara de pocos amigos, me abrazó y me ofreció un trago de Viche.
Les pregunté que dónde era el remate. Me dijeron que en la calle del sabor. "Hoy domingo no hay nada", dijo un man entre la muchedumbre que seguía saliendo del concierto. Como le escuchamos seguridad al desconocido no dudamos de sus palabras.
Entonces, mientras pensábamos qué hacer, nos volvimos a unir a la corriente de gente dejándonos arrastrar hacia la avenida. La Garza, que resultó ser muy popular, fue sumando gente que iba reconociendo. "Ey Carlos cuánto tiempo". "Ricardito, me tenías olvidada". "Laura! Pensé que no nos ibamos a encontrar".
Primero uno, luego tres. Cuando llegamos a la quinta, ya éramos un grupo de 20 sin saber todavía pa donde arrancar. Hasta que por fin un mancito levantó la voz: "Yo conozco un roto. Pero la rumba es buena."
¿Y que hacen los desparchados cuando no hay más que hacer? Pues Parcharse.
Sorbo al Viche y deme la dirección.
Tutu - tin. Tutu - tin. Tutu - tin. Tutu - tin.
Llegamos a *La esquina Caliente*, en el barrio Obrero. La luz roja del segundo piso alcanzaba a iluminar la entrada. Mientras subíamos las angostas escaleras sonaba "se siente, que viene de frente". Y pensé Uy me están esperando. Ya arriba lo vimos: No le cabía un tinto y aún así la gente daba bailaba dando vueltas, la fila pal baño bajaba la escalera y la pola estaba a 6k, y entonces no nos quedaron dudas de que efectivamente la rumba era buena.
La mayor parte de la noche fue salsa, obvio, estábamos en una salsoteca. Me sentía dichoso siendo nuevamente partícipe de ese rito de resurrección ahora de un animalejo distinto, nunca es uno igual a otro. Los borbotones de vida y movimiento me salpicaban, yo los sentía con los ocasionales empujones y pisadas, gajes del oficio.
No sé qué es, pero algo tiene la salsa que te llega al corazón. No importa si es son montuno, malanga, guaguancó, bugaloo o el mambo que me fascina. No importa si es brava, dura, romántica o erótica. Te lleva, te alza, te eleva el espíritu y luego te da lecciones de humildad cuando la pareja de al lado se luce con figuras que sabés que no vas a poder replicar (al menos por ahora). Quizá sea la mezcla de ritmos africanos, indígenas y europeos, que apela a lo más primitivo de la naturaleza humana. Es una mezcla deliciosa, por eso se llama salsa. Pero no me escuchés a mi, nadie lo explica mejor que Izzy Sanabria.
Pola iba y venía, los que necesitaban un cigarro salían cada tanto y les servía para airearse un poquito. Todo estuvo relativamente tranquilo hasta que empezaron a poner cumbias (que caloooor), en ese punto con la euforia y el alcohol en la sangre era difícil resistirse a la música (ooeeoo). Los que pudieron se subieron a las sillas y a las mesas, y algunos de los que venían en grupo se subían a los hombros de los otros. Como se estaba aprovechando mejor el espacio vertical ya se podia estirar un poco más las piernas y las caderas ya dibujaban una circunferencia más pronunciada y los codos se podían dejar descansando para luego subir las manos con ímpetu (que levante la mano). Ya con algo de espacio sentí pegachenta la camisa. Otra vez vergüenza, y me fui a despegarla de mi espalda pero entonces vi que todo el mundo estaba igual (como yo). Aquí sí se derrite el glamour.
La salsa es muy bacana, pero hay que aceptar que es un juego de egos, te da la libertad de seguir el camino que quieras (el que quiere). Sin embargo, a la cumbia no le interesa eso. Nos pone a todos en el mismo nivel, nos une con un balanceo, nos sincroniza el aleteo de las manos como si fuera una alabanza a Dios, que estoy seguro que existe y le gusta la rumba o si no ¿cómo me explican que empezó a rotar (un vino en cartón)?
Total, que a las 3am nos sacaron. Pa la casa.
Me cepillé los dientes, me puse la pijama y modifiqué la alarma del celular para que no interrumpiera las siete horas y media de sueño que solicita mi sistema operativo.
Tarararararará
Y hoy, me desperté, con un poquito de dolor de cabeza, agotado, pero feliz. Con ganas de vivir un nuevo día, con ganas de hacer _lo que diga el corazón_. Y la razón. Ambos, juntos, los dos. Estoy convencido que una de esas verdades que caben en un alita de colibrí es que hay que buscar siempre un balance de las cosas.
¿Y para la resaca? No hay lío, si atrás quedaron los tiempos donde la cura para el guayabo eran 60 pastillas de secobarbital. Ahora existe el bonfiest y el electrolit, y Netflix y YouTube, Instagram y si la cosa está muy dura, hasta TikTok.
Tu qui. Tu qui. Tu qui.
Tutu qui.
Y ahora estoy aquí, Fabiola, comiendo tus empanadas en el salón de la nostalgia dedicado a esta ciudad, que resultó ser un caldero sabroso donde se junta la música, buena gente y rumba. El paraíso para un melómano parrandero y bonachón.
Ayer tomé un sorbito de cucharada sopera de este caldero. A mi me pareció perfecto, pero sé que lo siguen preparando, todas las gentes que lo aman y le van dejando su pizca de amor.
¡Ay Dios, no me dejes ir sin probar más de ese consomé! No me prives del calor.
Y a ustedes, que siguen aportando, mezclando e innovando sobre este caldero, recuerden que siempre está _la nevera_, centinela fría pero noble, que guarda, cuida, conserva y veces también da calorcito, vean nomás a La 33.
Increíble lo que me pasó en un día. No lo puedo explicar mejor que como lo hizo Carranza hace más de cincuenta años -y está escrito en piedra en el parque de los poetas-: Cali me sucedió.
Ojalá que me siga sucediendo por muchos días más.
Tiru.
Tiru.
Tiru.
Pon Pon.
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